viernes, 3 de mayo de 2013

IMPORTANCIA DE LA PSICOLOGÍA EDUCATIVA Y SU PREVENCIÓN


Los seres humanos nos educamos de acuerdo a dos procesos fundamentales y complementarios: uno de orden social y otro de orden individual. El transcurrir de ambos procesos transita entre lo que aprende en teoría y lo que aplica a través de su experiencia en una contrastación de esos saberes particulares con los contextuales.

A pesar de ello, se piensa sin embargo, que cualquier profesional “exitoso” o no, reúne las cualidades para ejercer la docencia en el nivel superior; advirtiendo una formación docente dominada por la tendencia de enseñar a manejar contenidos pero no a elaborarlos, debatirlos ni transformarlos; más aún con un trato hacia el estudiantes para nada pedagógico y sin responsabilidad didáctica.

Por otro lado, como bien señala Villaroel solemos encontrar en la universidad una clara y precisa diferenciación de roles: “Unos están allí para producir el conocimiento, es decir, son investigadores. Otros transfieren esos conocimientos a la comunidad extrauniversitaria, traducidos en servicios y aplicaciones, son los extensionistas; y hay otro grupo que debe transmitir esos conocimientos, son los docentes. (...) Nótese que los encargados de transmitir el conocimiento no son los creadores del mismo, ni tampoco - dentro del esquema tradicional - se preocupan por apropiarse debidamente de ese conocimiento”.

La docencia es más que hablarles a jóvenes, dentro de un aula; jóvenes  con expectativas y deseos incontrolados de convertirse rápidamente en profesionales; y, dentro de este acontecimiento el ser docente o catedrático – como algunos nos llaman – se devela la imperiosa a necesidad de alimentarnos de pedagogía, didáctica y metodologías propias y compatibles con nuestra realidad profesional que conlleven a elevar el proceso de enseñanza – aprendizaje de la arquitectura, motivando al estudiante a comprender cada vez más el oficio por el cual se han inclinado.

Como dice Montero (1) “… la profesión de la enseñanza no tiene un cuerpo   codificado de conocimientos y habilidades compartidos, una cultura compartida. La  ausencia de este cuerpo de conocimientos compartidos -una de las marcas de las profesiones-  cuestiona la pertinencia de utilizar el término profesión para la enseñanza. La consideración de la experiencia práctica como la fuente más importante de adquisición de conocimientos y habilidades -situación que configura un saber vulgar técnico, o artesanal pero nunca un saber científico, base del saber profesional ha conducido durante mucho tiempo a la irreverencia de la formación para la comunidad  académica y los propios profesores”.

Según Adriana Careaga, en su escrito “EL DESAFIO DE SER DOCENTE” (2), considera que para un ser un buen docente se destaca lo siguiente:
- Saber su materia
- Preparar bien las clases
- Explicar con claridad y orden
 - Escribir en el pizarrón con claridad y buena letra
- Ser capaz de realizar un trabajo en equipo
- Poseer clara sensibilización por su entorno social y cultural
- Ser capaz de ponerse en el lugar del alumno
- Resultar asequible a los estudiantes
- Ser algo histriónico
- Hacer participar a los estudiantes
- Llegar a clase puntualmente
- Ser respetuoso
- Presentarse en forma correcta


Así mismo, los desafíos actuales de la sociedad, demandan del docente la demostración de una competencia profesional real, basada en un sólido dominio científico y la capacidad de ejercerla. Como consecuencia de ello, se vislumbraría una ruptura del  paradigma de la repetición y transmisión de conocimientos por otro basado en las competencias que se construyen y transforman a partir del mercado de trabajo.

El estudiante si bien no es adolescente se encuentra en un proceso de transición de la etapa de juventud a la adultez temprana – con las anomalías de cada caso – debe ser previsible y fundamental que todo profesional que pretenda transmitir su conocimiento en aulas de educación superior, por más brillante que fuere, cuente con herramientas pedagógicas que le permitan llegar a los estudiantes para fortalecer sus conocimientos previos y motivar sus capacidades e inteligencias, brindándole una formación integra, apoyándole en las diferentes etapas de su desarrollo cognoscitivo.

Sin embargo, debo testimoniar que mi formación profesional estuvo bastante influenciada por el paradigma de la repetición y transmisión de conocimientos; el 90% de profesionales que cumplían el rol docente en la Facultad que estudie, no contaban con las estrategias metodológicas o el razonamiento intuitivo – pedagógico (psicología educativa), sino más bien se enarbolaban  repitiendo modelos anacrónicos que más que enseñar, alimentan hasta hoy su egocentrismo; siendo más personajes que personas. Y, aunque considero que al inicio de su incursión docente no podrían hacerlos totalmente responsables - ya que esos modelos eran todo lo que conocían - el hecho de que en pleno siglo XXI continúen con el mismo patrón de enseñanza, si es algo cuestionable.

Esta paradójica situación de haber pasado por una formación profesional con cuasi docentes ha impulsado – no sé porque razón – que muchos de los egresados - arquitectos hoy en día - estemos enseñando en las facultades de Arquitectura de la Región Piura y de otras partes del Perú como Lima, Huánuco, Trujillo, Chiclayo, etc. Y, que el 95% estemos preocupados por enseñar  con pedagogía, didáctica y responsabilidad; cabria interrogarse como es que nace esta vocación de ser docentes en el contexto antes descrito?; una especulación es que el 10% de arquitectos con vocación y conciencia pedagógicos de la Facultad donde estudiamos hayan influenciado en nosotros, puesto que eran con los que podíamos conversar, reunirnos, hablar, preguntar, compartir, etc. ; y fueron quienes nos iniciaron en  las ayudantías de cátedra en los últimos años de la carrera, explicándonos como motivar el estudio por la arquitectura en los nuevos estudiantes.

Actualmente - pensando siempre en no repetir los patrones que tantos vacíos y sinsabores nos dejaron en el consiente e inconsciente -  la nueva generación de  arquitectos-docentes estamos llanos a  buscar las respuesta que nuestros formadores de pregrado jamás contestaron en las aulas, con la finalidad de mejorar la formación profesional que ofrecemos; hay una expectativa real por vocación para aceptar nuestros errores y mutar los comportamientos en pro de elevar su calidad pedagógica, la cual seguramente desembocará en la investigación científica y el perfeccionamiento profesional, consciente de lo que representa para la comunidad educativa y la sociedad a la que pertenecemos.  Como iniciativa de ello es que cinco de los diez docentes de Piura, estamos cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior en la Escuela de Post Grado de la UPAO; y un docente mas está estudiando Doctorado en Educación también en esta casa superior de estudios. Se espera que el próximo ciclo este número aumente por vocación, mas que por una disposición rectoral.

Debo manifestar también que al cursar, la asignatura de Psicología Educativa, comprendo mejor la razón por la cual suceden ciertos comportamientos en aula; y, aunque empíricamente se ha tratado de resolver como llegar a los estudiantes en el proceso de enseñanza aprendizaje de la Arquitectura; salta a la vista la importancia fundamental de tener formación teórica en este tema, porque es el conocimiento básico que nos permite  entender y comprender ambas situaciones desde la perspectiva docente y del alumno.

Los vertiginosos cambios que observamos en la sociedad nos llevan a sostener que la formación profesional en la universidad debe apuntar menos al desarrollo de la racionalidad técnica y mucho más a generar en los estudiantes capacidades de situarse frente a los efectos de la globalización, a los escenarios y reglas de juego cambiantes, la incertidumbre, los conflictos éticos y otros tantos fenómenos concomitantes. Esa capacidad situacional conlleva el desarrollo de habilidades específicas muy diferentes a las que tradicionalmente se intentan enseñar en las universidades.

Por ello hay una pre-disposición  natural del docente de arquitectura de UPAO – Campus Piura por aprender, mejorar, construir, mutar evolucionar y desarrollar todo lo que se necesita en el campo de la didáctica para aplicarlo a la Arquitectura; que por su naturaleza – ya compleja – necesita investigación y apoyo permanente de la psicología educativa, y así explorar y descubrir los procesos psicológicos que se dan en el ámbito educacional.

Bajo lo antes expuesto cabría preguntarse entonces si es responsable y ético que cualquier profesional incursione en la docencia universitaria sin prever que se necesita conocer a la psicología educativa? ¿Eso no sería estafar al sistema de educación superior? ¿Se educa? o ¿Se transmite conocimiento?.
Arq. Julio Ramírez Nuñez , Magister en Educación
Taller Básico II / UPAO-Piura (2012-II)

(1)    Montero, L. (2001). La construcción del conocimiento profesional docente. Rosario: Homo Sapiens Ediciones.
(2)  EL DESAFIO DE SER DOCENTE, Prof. Adj. Lic. Adriana Careaga - Otoño, 2007; DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN MÉDICA. Facultad de Medicina. Universidad de la República.

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